lunes, 22 de febrero de 2010

La diosa del surrealismo de Dalí... Gala


Los rumores crearon el mito de la mujer distante, musa atemporal y modelo universal.

Helena Ivanovna Diakonova,"Gala", como la bautizó su primer marido, el poeta francés Paul Eluard, nace en Kazán o Moscú, 1893 ó 1894, difícil de comprobar debido a que se perdieron los registros de nacimiento. Se sabe que después de una niñez y juventud bastante feliz e intelectualmente estimulante, al lado de sus hermanos, de la madre y del compañero de ésta, a los diecinueve años se enferma de tuberculosis y tiene que dejar Rusia y sus estudios. En 1913 la joven sube al tren sola, atraviesa Europa del este, en dirección al sanatorio suizo de Clavadel.

MENAGE A TROIS

En Suiza conoce al joven y aún desconocido Paul Eluard. Después de una larga convalecencia en el sanatorio helvético, los dos jóvenes llenos de pasión, se prometen amor eterno. En el año 1917 se casan en París, y en mayo del 18 nace Cécile su hija, Gala la confía inmediatamente al cuidado de la suegra con quien se quedará gran parte de su vida, debido al escaso interés que ella demuestra por la pequeña. El matrimonio vive años intensísimos en la capital francesa, que es escenario privilegiado de las vanguardias, asisten al nacimiento del Dadaísmo. Eluard, inspirado por su joven esposa, junto a André Breton, Louis Aragon y Max Ernst, crean el grupo surrealista, la vanguardia más revolucionaria de aquella época.

Gala tiene el privilegio de ser la musa de Eluard. Este la guía en el enredado mundo pasional que rodea su obra, le enseña el amor libre sin reserva ni moderación, la joven virgen y naïve que había llegado de Rusia, ya no existía, la remplaza la femme fatale, la devoradora de hombres.

No se sabe exactamente cuando empezó su pasión por el artista y mejor amigo de su marido, Max Ernst. Lo que sí se sabe, es que Ernst en 1922 dejó en Colonia a su mujer y a su hijo y se fue a vivir con los Eluard. El artista inspirado por su musa Gala, pinta todos los muros y las puertas de la casa de Eaubonne, en un ímpetu creativo sin precedentes en su carrera artística. En el 1967, gracias a la ayuda de Cécile Eluard, que se recordaba perfectamente de estas piezas pintadas con las cuales pasó parte de su infancia, el artista Gérard Guyomard, rescató los frescos, retirando el papel mural que lo recubrían, limpiándolos y transfiriéndolos sobre tela.

Durantes varios años, bajos los ojos comprensivos y distraídos de Paul, los dos amantes vivían su pasión sin mayores complicaciones, hasta que Eluard, se cansa de este ménage à trois y parte a recorrer el mundo. Durante varios meses Gala no tiene noticias del marido hasta que un día recibe una carta de Saigón donde le pide que vaya a buscarlo para “reconciliarse”. Gala respondió al llamado, pero llevó con ella, en su viaje a Max. El mensaje para Eluard era clarísimo, ella no estaba dispuesta a negociar su dosis de amor libre que él le había inculcado, como higiene de vida y camino a la felicidad, durante estos años de matrimonio. La pareja, o mejor dicho, el trío, vuelve a París, el padre de Paul muere dejándole una importante fortuna, Gala empieza a viajar y a vivir sus aventuras amorosas de un día, que se consuman como cigarrillos, uno atrás de otro, en el intento de saciar esta hambre de amor que era la única religión que profesaba con gran rigor y devoción.

MÍTICO VERANO

Tras un amor fugaz y otro llegamos al mítico verano del 1929, en Cadaqués. Gala viaja junto a su marido, con Magritte y Buñuel a visitar el joven pintor catalán. La historia se repite, en el enésimo viaje se presenta el enésimo hombre, que esta vez ella decide adoptar, dejando todo atrás, olvidando lo que había sido y ofreciéndose en alma y cuerpo a su “petit” Dalí. Gala tiene treinta y cinco años, Salvador veinte y cinco. Este joven virgen e inseguro le confiesa su amor, ella le toma la mano y le dice: “Pequeño, ya nunca más nos separaremos”.

A partir de este momento la vida de esta mujer deslumbrante, se confunde y se funde con la de Dalí. Empieza el mito de Gala, nace la musa; madre, Eva, Elena, bruja, adivina, y así se convierte en el eje de la vida de un hombre, por cierto genial, sin embargo muy perdido en sus sueños de grandeza para poderlos concretar. Gala llega a la existencia de un hombre llamado Dalí, despertando en él, durante los cincuentas tres años de vida en común, un sinnúmero de momentos creativos que se traducen en la tela, que se concretan en objetos bizarros, en pensamientos profundos, y en actos irreverentes.

Ella hace publicar al pintor su primer libro en la Edición Surrealista y convence a Breton de que acepte al artista en el grupo surrealista. Ella se dedica a que uno de los artistas más significativos del siglo XX pueda expresarse, y pueda crear sin preocuparse del aspecto económico, del cual se encarga a partir del 1929. Sucesivamente creará el producto “Dalí”, lo lanzará en el mercado y vivirá de él, pero siempre con la aprobación del artista, que en ella lo encontró todo, la razón de vivir y la de morir.

Gala es omnipresente en su obra, su facciones se encarnan en la tela, como madonas, heroínas, diosas y ninfas, pero sobre toda Gala; es la personificación de Gravida, el mito de la mujer que avanza, que Dalí conoció a través del texto freudiano, “El delirio y los sueños”, basado en la homónima novela de Wilhelm Jensen, donde un arqueólogo a través de una obra de arte encuentra a su amada, a quien ama antes de conocerla. La primera vez que este tema aparece en su pintura es en el 1929, en “El hombre invisible”, que se convertirá en la pintura “fetiche paranoico” protectora de Gala y Dalí. Gravida-Gala aparece en el plan inferior derecho del cuadro, Dalí la representa como una mujer que tiene dos cabezas idénticas, cada una simbolizando la duplicidad que encarna la heroína en la novela de Jensen, realidad y sueño, mentira y verdad, memoria y presencia.

AMANTE SENIL

Helena Ivanovna Diakonova fue la última musa del siglo XX, mujer capaz de estallar los amores más locos y las antipatías más violentas, mujer del calibre de Beatrice, Laura o de la escritora Lou Andreas Salomé, que hechizó con su gracia el brillante tríptico Nietzsche, Rilke, Freud. Se podrían llenar páginas sobre los insaciables amores de Gala, que hasta a los ochenta años recibió a los amantes más jóvenes en el castillo de Pubol que Dalí le había regalado, y en el cual el artista solo podía entrar bajo invitación explícita de ella. El más conocido es Jeff Fenholt, protagonista del musical “Jesucristo Súper Estrella”. También se podría hablar de las míticas orgías de Cadaqués, en las cuales Gala y Dalí consumaban sus perversas fantasías sexuales, él la del impertérrito voyeur, ella la de reina del amor carnal; del trío Gala- Dalí-Amanda Lear. Todos esos son suposiciones, rumores difíciles de comprobar. Seguramente, la pasión de Dalí por Gala, quien murió en 1982, se manifestó de varias maneras con el pasar del tiempo, y las necesidades de ella dejaron en un momento impreciso de ser satisfechas por el artista, y viceversa. Pensando en una imagen que pueda resumir este matrimonio poco convencional los imagino encerrados en un hotel de Marsella, sentados en una cama, Gala tirándole las cartas a Dalí, y él escuchando la sentencias irrevocables de su futuro junto a ella.

Bárbara Morana.

Salvador Dalí, Leda Atómica, 1949. Oleo sobre lienzo. © Figueras, Fundación Gala-Salvador Dalí




No hay comentarios:

Publicar un comentario